Pensamiento
La maestra muerte
Fecha: 01 de diciembre del 2024
Autor: Andrés W. Benítez G.
“La semana pasada fue una experiencia fuerte vivir el dolor de la muerte de una amiga de la adolescencia. Vane, para ti este pensamiento”

Existen momentos que marcan o simplemente reafirman nuestra fe, cuando nos encontramos en el umbral entre la seguridad de esta vida y el desconcierto de la eternidad. Son esos momentos en que la fe, entendida como respuesta al amor de Dios basada en la confianza, se pone a prueba a un nivel que probablemente nunca imaginamos, aunque lo hemos leído en la existencia de otros.
La muerte, para algunos una amiga de camino que nos llevará a nuestro verdadero hogar, para otros, una sombría figura que está al acecho para cobrar nuestras deudas; sea cual sea la percepción, una de las certezas más firmes que tenemos es que llegará. En una sociedad que en gran medida ha perdido la esperanza en la eternidad, es natural que la muerte de un ser querido se vida como una pérdida, un dolor y un sufrimiento, algo humanamente comprensible y cierto.
Retomo mi experiencia. Siendo miércoles cuando recibí ese mensaje. Entré en shock. La negación tocó la puerta y no sabía cómo procesarlo. Una pugna entre mi fe y mi dolor se hizo presente, y un pensamiento cruzó mi mente, “hablaste la semana pasada de los amigos y ahora debes prácticamente enterrar a uno”. Luego recordé que existe la eternidad. Levanté mi mirada al cielo y le pregunté “Vane ¿Cómo quieres que viva el duelo de tu muerte?”.
La respuesta llegó casi de inmediato. Tras una llamada, un momento de llanto y las palabras de amigas, decidí hacer duelo y honrar tu memoria con este pensamiento.
Te recordamos muy risueña, siempre alegre, convocándonos con tu sonrisa de ánimo. Muy pocas veces te vi triste o llorando, pero fuiste para muchos un modelo de alegría y entusiasmo. De ti aprendimos a sonreír y dejar brillar los dientes como estrellas en medio de la noche. Cuando te cargabas en nuestros hombros y, con soltura, decías “chicos vamos ….” nos animabas con tus palabras. En mi memoria quedarás guardada en esa tu esencia más noble y en tu don: llenar de alegría los momentos. Te recordaré en cada carcajada, y miraré al cielo esperando tu mirada.
Hoy te llevo en este pensamiento, reflexionando sobre el gran misterio de la muerte y la vida eterna.
La muerte es ignorante: desconoce títulos, riquezas, honores, potestades, edad o sexo. Sólo cumple con su misión. Nos toma de la mano y, en un cerrar y abrir de ojos, nuestra vida pasa. Cuán fugaz es este tiempo, y cuán pequeños se vuelven los logros y momentos frente a la idea de la trascendencia. Es entonces cuando reconocemos lo limitados que somos.
Por ello, el mensaje de hoy es claro: aprovechemos, vivamos, amemos y sintamos de la mejor forma. Cumplamos dos mandamientos simples pero nobles: amar a Dios y al prójimo. En ese amor también descubriremos el propio.
Si la vida es breve, ¿Cómo vas a expresar tu gratitud hacia tus seres queridos hoy?