Pensamiento
La amistad
Domingo 24 de noviembre del 2024.
Autor: Andrés W. Benítez G.
Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro. Eclesiástico 6,14 
Hoy reflexionamos sobre la amistad, una dimensión esencial en nuestras vidas. Por ahora, daremos una pincelada para reconocer la importancia de contar con una red de amigos que sean la compañía adecuada en este camino llamado vida.
En algún momento pude ver que la confianza en las relaciones humanas es como las capas de una cebolla. Éstas reflejan la evolución natural de una amistad auténtica: una apertura progresiva que construye confianza y profundiza los lazos. Esto me llevó a cuestionar mis conceptos y prácticas de amistad.
La dimensión social del ser humano es preponderante en su desarrollo vital. Desde los hallazgos en epigenética, sabemos que el entorno social puede moldear la expresión genética, incluso desde etapas tempranas como el embarazo. Estudios científicos han demostrado que las experiencias sociales de la madre, como su nivel de estrés o apoyo emocional, tienen un impacto directo en el desarrollo del embrión, influyendo en su sistema nervioso y en patrones de respuesta al estrés en el futuro. Esta conexión única entre madre e hijo demuestra que el tejido social que nos rodea es esencial para nuestro bienestar desde el inicio de la vida. Así como el entorno social impacta desde nuestras primeras etapas de vida, a lo largo de los años, las amistades nos siguen moldeando en nuestra esencia.
Con el paso del tiempo, muchas personas encuentran a alguien que se convierte en un pilar emocional y un compañero esencial en su vida. Ese amigo que, tras un proceso de maduración, avanza por estas “capas” hasta formar un vínculo íntimo y fuerte.
La amistad, como dice el Dr. Enrique Rojas, se basa en tres pilares fundamentales: afinidad, donación y complicidad, que forman el cimiento de cualquier relación auténtica. Afinidad para compartir gustos y momentos en común; donación como sinónimo de darse tiempo, consejo; y complicidad, es decir, compartir un terreno de intimidad. Hablamos de un otro “yo”, de esa persona que recibe de uno autoridad implícita por la naturaleza de ese caminar.
A nivel personal, cuando tenía quince años, conocí al mejor de los amigos: Jesús, quien ha sido la base para desarrollar vínculos significativos con otros. Su ejemplo de amor incondicional me recuerda la importancia de ser un buen amigo y valorar las relaciones. Puedo decir que fue quien me presentó a personas específicas con quienes he logrado compartir esas notas de las que habla Enrique Rojas. Para ellas, un “gracias” por su tiempo, palabras, cercanía, bondad, sinceridad, paciencia y todas esas virtudes que las hacen únicas. Pero también un “perdón”, porque no siempre he podido estar allí tan presente como hubiese sido lo óptimo.
La amistad es un gran tesoro que debemos cuidar, pues representa un amor especial y una gran compañía en los momentos de oscuridad. Son ellos quienes nos ayudan a ver nuestras realidades desde otras perspectivas y, a la vez, con empatía nos permiten ser como somos.
Para esas buenas amistades que son y serán, ¡felicidades!
Y tú, ¿ya le dijiste a tus amigos “gracias” y “perdón”?