Pensamiento
El valor de la vida
Fecha: 16 de diciembre del 2024
Autor: Andrés W. Benítez G.
«La vida humana tiene una dignidad infinita».
Joseph Ratzinger

Hace unos días, la noticia sobre el pago de $310 millones de dólares por la muerte de un adolescente en una atracción mecánica nos llevó a reflexionar sobre una pregunta fundamental: ¿Cómo valoramos la vida humana? Este suceso pone de relieve una tensión entre la valoración económica y la dignidad intrínseca de cada persona.
Desde una perspectiva cristiana, la vida humana no tiene precio, porque cada individuo es amado infinitamente por Dios. Esta verdad nos invita a ir más allá de visiones materialistas que limitan el valor de una persona a términos económicos o utilitarios. Al contrario, la fe nos muestra que cada vida es un universo, un bien absoluto, creado a imagen y semejanza de Dios.
La convicción del amor de Dios armoniza la dimensión material y trascendental de la existencia. En la práctica, esto nos lleva a reconocer la dignidad de las personas en las pequeñas acciones de cada día: cuidar el ambiente, tratar con amabilidad a quienes nos rodean, ayudar a los más necesitados y buscar una vida de servicio y comunión. Estas acciones no son solo deberes, sino frutos de un alma que vive con conciencia de su valor infinito y de su llamado a la santidad.
Incluso en el dolor, esta visión ofrece consuelo y propósito. Los santos nos muestran que el sufrimiento, cuando es vivido con fe, puede transformarse en una ofrenda que da sentido y esperanza, tanto para uno mismo como para los demás.
¿Es posible replantear nuestra filosofía de vida a la luz de esta verdad? Cada gesto cotidiano, por pequeño que sea, puede convertirse en una obra de amor que refleje la dignidad infinita de la vida humana.